La abeja curiosa
En un hermoso árbol situado en las altas y alejadas colinas, vivía una enorme colmena de abejitas muy trabajadoras. Todas trabajan a la par, ninguna era más que la otra, todas eran iguales, excepto Lily, la abeja reina, por supuesto.
Ocurre que un día, una de las abejitas laboriosas llamada Alma, se encontraba en una misteriosa búsqueda. Esta búsqueda consistía en observar, investigar y admirar el exterior de la colmena; ya que ninguna abejita podía salir si era del sector labores.
Alma siempre charlaba con su papá y su mamá acerca de lo que haría cuando pudiese ser parte del sector polinizadores (sector exclusivo que puede salir al exterior). Soñaba y volaba por los aires de su imaginación, pensaba en aquellos bellos colores de las flores, de sus aromas, de sus formas, y de los demás vecinos que se encontraría allí afuera. Pero solo soñaba porque su realidad era todo lo contrario. Los días se hacían largos y aburridos para Alma. Ella quería salir afuera cueste lo que cueste.
Entonces, un día decidió entrar al sector polinizadores pero de contrabando. Se disfrazó con los uniformes que usaban las abejas de allí, y así logró disimular su actuación frente a todo el grupo de polinizadores que estaban preparándose para una misión: recolectar el polen.
El jefe dijo: - ¿Listos polinizadores y polinizadoras? ¡A recolectar en tres, dos, uno!
Alma estaba un poco asustada pero era mayor la ansiedad y emoción, que se preparó y salió al vuelo. No podía creerlo, el cielo era más celeste de lo que le habían contado, las flores eran de hermosos colores, en el aire había una mezcla de olores ricos y no tan ricos, y los vecinos, de los vecinos mejor no hablemos (eran grandes, raros y peligrosos).
Alma siguió los pasos de sus compañeros polinizadores y logró realizar su trabajo con éxito. Cuando fue momento de regresar a la colmena, ella estaba emocionada por contarle a sus padres la experiencia que había vivido. Pero se detuvo a pensar y recordó que justamente era a ellos a quienes le había ocultado ese pequeño detalle de haberse escapado.
La cuestión es que Alma regresó, se enfrentó a sus padres diciendo la verdad, los padres de Alma estaban muy preocupados por su desaparición y aunque no fueron muy severos, igual castigaron a esta abejita curiosa por desobedecer la regla general de la colmena.
No se sabe con certeza si Alma aprendió de su lección, pero lo que sí sabemos es que siempre debemos confiar en nuestros padres y conversar acerca de lo que nos gusta o gustaría realizar, nuestras dudas y certezas para no caer en la desobediencia como Alma.
En un hermoso árbol situado en las altas y alejadas colinas, vivía una enorme colmena de abejitas muy trabajadoras. Todas trabajan a la par, ninguna era más que la otra, todas eran iguales, excepto Lily, la abeja reina, por supuesto.
Ocurre que un día, una de las abejitas laboriosas llamada Alma, se encontraba en una misteriosa búsqueda. Esta búsqueda consistía en observar, investigar y admirar el exterior de la colmena; ya que ninguna abejita podía salir si era del sector labores.
Alma siempre charlaba con su papá y su mamá acerca de lo que haría cuando pudiese ser parte del sector polinizadores (sector exclusivo que puede salir al exterior). Soñaba y volaba por los aires de su imaginación, pensaba en aquellos bellos colores de las flores, de sus aromas, de sus formas, y de los demás vecinos que se encontraría allí afuera. Pero solo soñaba porque su realidad era todo lo contrario. Los días se hacían largos y aburridos para Alma. Ella quería salir afuera cueste lo que cueste.
Entonces, un día decidió entrar al sector polinizadores pero de contrabando. Se disfrazó con los uniformes que usaban las abejas de allí, y así logró disimular su actuación frente a todo el grupo de polinizadores que estaban preparándose para una misión: recolectar el polen.
El jefe dijo: - ¿Listos polinizadores y polinizadoras? ¡A recolectar en tres, dos, uno!
Alma estaba un poco asustada pero era mayor la ansiedad y emoción, que se preparó y salió al vuelo. No podía creerlo, el cielo era más celeste de lo que le habían contado, las flores eran de hermosos colores, en el aire había una mezcla de olores ricos y no tan ricos, y los vecinos, de los vecinos mejor no hablemos (eran grandes, raros y peligrosos).
Alma siguió los pasos de sus compañeros polinizadores y logró realizar su trabajo con éxito. Cuando fue momento de regresar a la colmena, ella estaba emocionada por contarle a sus padres la experiencia que había vivido. Pero se detuvo a pensar y recordó que justamente era a ellos a quienes le había ocultado ese pequeño detalle de haberse escapado.
La cuestión es que Alma regresó, se enfrentó a sus padres diciendo la verdad, los padres de Alma estaban muy preocupados por su desaparición y aunque no fueron muy severos, igual castigaron a esta abejita curiosa por desobedecer la regla general de la colmena.
No se sabe con certeza si Alma aprendió de su lección, pero lo que sí sabemos es que siempre debemos confiar en nuestros padres y conversar acerca de lo que nos gusta o gustaría realizar, nuestras dudas y certezas para no caer en la desobediencia como Alma.

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